Las memorias del 'todocampista' que enamoró al mundo entero.
El recorrido por la vida personal y profesional de Bernd Schuster encuentra un nexo en el amor. El amor al fútbol y el amor a las mujeres que lo fueron todo en su vida. De eso tratan las confesiones de aquel niño a quien su abuelo inculcó involuntariamente una desmedida afición por el fútbol, y las del hombre que, con veinte años, se vino en coche desde Colonia a Barcelona para convertirse en uno de los grandes de la historia de este deporte.
George es el tipo de artista que odia con todo su ser a los adictos al trabajo, incrédulo ante la locura y el odio de que son capaces los hombres, aterrado por la codicia, el arribismo, la sed de poder. El fútbol —su arte— debe ser liberado de los excesos de la razón y de las ataduras de las reglas académicas, hay que romperlas para abrir espacio a la intuición, a los sueños y a las emociones. Todo debe ser sublime, terriblemente incontrolable. Hay que buscar y escenificar lo inalcanzable, pintar lo irrepetible.
La vinculación territorial de los equipos de fútbol a su propia ciudad es un hecho que, de tan evidente, apenas se nos ocurriría plantearnos. El Valencia es un equipo de València, el Real Madrid es de Madrid y el Barça de Barcelona, por ejemplo. ¿Qué duda hay? ¿Puede ser de otro modo? Las lógicas y prácticas contemporáneas del capitalismo global, sin embargo, comienzan a vaciar de contenido esta verdad de perogrullo, desligando clubes de sentimientos. En Club a la fuga, el periodista y publicista Vicent Molins analiza en perspectiva histórica esta realidad, adentrándose en los motivos y consecuencias últimas de un proceso que no ha hecho más que comenzar.
Solo una hora después de que culminara la ceremonia inaugural del Mundial 82, ETA asesinaba a un guardia civil en el puerto de Pasajes. La banda había anunciado que no atentaría directamente contra la competición: a ellos también les gustaba el fútbol, decían, aunque quedaba intacto el riesgo de que el escaparate de la recién descorchada democracia española pudiera saltar en añicos.
Así, bajo el pánico a una irrupción terrorista, rodó el balón aquel verano. La selección española no dio pie con bola. Fueron nuestros «primos» italianos los que lo bordaron. Nadie daba un duro por que España lograse organizar un Mundial en una época tan convulsa y delicada; nadie tampoco daba una lira por que la azzurra hiciera algo meritorio. Pero el torneo cuajó, en lo logístico y lo deportivo: tuvo épica, lírica y magia.
Dios, patria y muerte cuenta una historia de fútbol y sangre: la historia de cómo el esférico se erigió en fatídico protagonista de una guerra fratricida y atroz. Describe la inquietante trayectoria de Željko Ražnatovic «Arkan», uno de los criminales más despiadados del siglo XX, y ofrece al mismo tiempo una exhaustiva mirada panorámica sobre el conflicto yugoslavo, reparando precisamente en estas mortíferas conexiones entre el deporte y la deriva bélica que desembocó en la disolución de Yugoslavia.
Distrito Pachanga es un viaje único desde los anárquicos callejones de Hanói hasta los rincones más inesperados del mapa, cosido por el azar y los encuentros surgidos en torno a la pelota. Alrededor de ella, el protagonista acaba en un búnker bosnio, escapa de un campo invadido por tigres, dribla a los guardianes de la moral iraníes o sufre un secuestro en Líbano a manos de Hezbolá. Pero no todo es tan plácido: abrirse a lo diferente, humanizar al contrario y tratar de recorrer la cancha en toda su dimensión política y cultural es el verdadero desafío en este partido donde todo importa menos el resultado.